Historias de La Mancha

Capítulo II

Un viaje con duelos y quebrantos

Aunque ya había ido con mi familia a Almagro, no imaginé cuán diferente iba a ser la experiencia. El viaje de ida se hizo bastante largo, pero fue amenizado por las visitas a El Toboso, Campo de Criptana y Argamasilla de Alba. Cuando he leído algún fragmento de El Quijote, no creía que El Toboso pudiera existir más que en la mente de Cervantes; así es que, fue toda una sorpresa llegar a un lugar real y visitar la casa de la dama en la que se inspiró el escritor para el personaje de Dulcinea.

En Campo de Criptana pude ver los antiguos molinos de viento en los que Don Quijote solo veía “desaforados gigantes” y que llegaron a España en el siglo XVI gracias a los relatos de los Cruzados, venidos de Tierra Santa, mucho tiempo atrás. Al parecer, estos caballeros se habían encontrado en su viaje a Jerusalén con un tipo de construcciones de gran tamaño que aprovechaban el viento para hacer funcionar una maquinaria que podía moler inmensas cantidades de grano en muy poco tiempo. De ese modo, se mandaron levantar en cerros de La Mancha centenares de molinos.

En la comida pudimos degustar los típicos quesos manchegos, que para mí son un vicio, y los tradicionales duelos y quebrantos, que estaban riquísimos.

Posteriormente visitamos Argamasilla de Alba, localidad muy ligada al río Guadiana y considerada como el lugar de cuyo nombre no quiso acordarse Cervantes. Allí visitamos la casa de Medrano, el caserón en cuya cueva estuvo preso el escritor por un tiempo y donde pudo haber escrito parte de El Quijote.

Después de cansadas horas en autobús llegamos a Almagro y entonces tocó divertirse un poco…Tras cenar en un restaurante con una comida aceptable pero con un pan que parecía un ladrillo, llegó la hora de la verdad: el karaoke. No sabía que en mi clase había tantas estrellas de La Voz y todo ello envuelto en la enorme bandera de España que un compañero enarboló, recordándonos a todos que estábamos en un lugar que presenció las obras de teatro del Siglo de Oro español.

Después de un sueño reparador, al día siguiente pudimos contemplar la impresionante plaza Mayor, en su origen plaza de armas, de planta rectangular irregular y dos pisos. También pudimos admirar palacios y casas solariegas, como la Casa del Mayorazgo de los Molina y la Casa de los Rosales.

Y por fin entramos al famoso Corral de Comedias del siglo XVII, único que se conserva íntegro de esa época. Declarado Monumento Nacional y cuya construcción fue promovida y financiada por un clérigo de una parroquia cercana, el cual desembolsó una auténtica fortuna de la época. En el siglo XVIII se decretó la prohibición total de los corrales y el Corral de Comedias de Almagro se siguió utilizando como lo que había sido siempre: mesón y posada, lo que contribuyó a su conservación. Fue en 1952 cuando se descubrió este magnífico teatro. Tras retirar las paredes que tapiaron varias de sus estancias, apareció de nuevo.

Tuvimos la suerte de ver “La discreta enamorada”, obra de Lope de Vega, escrita en 1604, que narra las vicisitudes por las que atraviesa Fenisa para llegar a casarse con su amado Lucindo, tras muchas confusiones y malentendidos.

Después de la comida comenzamos el viaje de vuelta, menos pesado que el de ida, pues muchos aprovecharon para dormir.

En algún momento del trayecto, entre tanto silencio, fue cuando reflexioné sobre la importancia de aquel viaje: visité lugares que aparecían en la novela más grande jamás escrita, pude ver los “gigantes” contra los que se lanzó Alonso Quijano, pude tocar el lugar donde nuestro escritor tuvo que estar preso y pude presenciar una obra de teatro que los españoles que vivieron en el siglo de oro presenciaron.

Y todas estas cosas no pertenecen al pasado, sino que siguen viviendo en el presente y creo que nos debemos sentir orgullosos de este patrimonio cultural que nos pertenece a todos.

Pero, en verdad…, lo que pasa en Almagro, se queda en Almagro.

                                                        Geli Palmer 1º A