Día de las escritoras: Lyceum Club Femenino

Hoy celebramos El Día de las Escritoras, que tiene lugar el lunes más cercano al 15 de octubre. Esta fecha se eligió en recuerdo de santa Teresa de Jesús, una de las escritoras más importantes de la literatura española, cuya festividad se conmemora el 15 de octubre.

Esta celebración nació en España en octubre de 2016, impulsada por la Biblioteca Nacional de España, la asociación Clásicas y Modernas y la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (FEDEPE). Su principal objetivo es reconocer la labor de las mujeres escritoras y dar visibilidad a aquellas que, a lo largo de la historia, han sido olvidadas o han recibido menos reconocimiento que los hombres.

Durante esta jornada se organizan actividades culturales, lecturas, conferencias y encuentros para difundir las obras de escritoras de diferentes épocas. De esta manera, se pretende recuperar su legado literario y destacar su contribución a la cultura y a la sociedad. Este año se dedica a las mujeres del Lyceum Club Femenino de Madrid.

¿Quiénes eran estas mujeres? ¿qué hacían?

El Lyceum Club Femenino de Madrid (LCF) fue una asociación cultural y laica fundada en 1926 por y para mujeres. Su objetivo era promover la cultura y defender la igualdad social y jurídica. Se creó tomando como referencia el Lyceum Club de Londres, fundado en 1903 por la escritora Constance Smedley.

Entre sus principales impulsoras se encontraba Carmen Baroja. La institución contaba con siete secciones: social, música, artes plásticas e industriales, literatura, ciencias, internacional e hispanoamericana. Entre las mujeres vinculadas a la entidad destacaron María de Maeztu, Victoria Kent, Zenobia Camprubí, Clara Campoamor y Matilde Huici.

El Lyceum Club Femenino fue un espacio de intercambio cultural y debate sobre los derechos de las mujeres. Sin embargo, recibió críticas y burlas de algunos sectores de la sociedad, en una época en la que predominaba un modelo que vinculaba a las mujeres con el ámbito doméstico. Un ejemplo fue la respuesta del escritor Jacinto Benavente, quien, según algunas fuentes, rechazó una invitación para dar una conferencia con la frase: «No tengo tiempo. No puedo dar una conferencia a tontas y a locas».

La asociación también contribuyó al debate sobre el sufragio femenino y otros derechos civiles. En este contexto destacó Clara Campoamor, que defendió el derecho al voto de las mujeres durante la Segunda República. Además, sus integrantes eran profesionales, artistas e intelectuales que buscaban un espacio de encuentro en una sociedad donde muchos lugares de reunión estaban dominados por hombre.

Una de estas mujeres fue Carmen Baroja y Nessi, que nació el 10 de diciembre de 1833 en Pamplona y murió el 4 de junio de 1950 en Madrid. Fue una intelectual, escritora y orfebre española relacionada con la Generación del 98, aunque a menudo era conocida por su pseudónimo Vera de Alzate. Se convirtió en una de las principales impulsoras del feminismo cultural y la emancipación de las mujeres en la España del primer tercio del siglo XX

Perteneció a una familia destacada por su intelectualidad: sus dos hermanos Pío y Ricardo Baroja fueron destacados escritores, su hijo Julio Caro Baroja fue antropólogo,  su hijo Pío Caro Baroja fue director de cine y escritor. Al ser sus familiares famosos, quedó opacada por su fama y no fue reconocida hasta después de su muerte.

Desde joven mostró interés por el arte y la escritura. Formada en artes plásticas en París, destacó como una excelente orfebre y experta en esmaltes, y trabajó como grabadora y artista, además de escribir sobre sus experiencias y recuerdos. También destacó por su interés en mejorar la situación de las mujeres y promover su acceso a la cultura y la educación.

En 1926, movida por su compromiso con la emancipación femenina, cofundó el emblemático Lyceum Club Femenino de Madrid, una asociación que reunía a mujeres interesadas en la cultura, la educación y la vida intelectual. Este espacio fue muy importante para que las mujeres pudieran desarrollar actividades culturales y expresar sus ideas en una época en la que tenían menos oportunidades.

Además, creó en su hogar el teatro experimental El mirlo blanco,un hervidero cultural donde se representaban obras vanguardistas y se daban cita los grandes nombres de la época.

Su obra más célebre fue Recuerdos de una mujer de la generación del 98, un testimonio imprescindible para entender la vida intelectual de su tiempo desde una perspectiva crítica y femenina, que fue publicada después de su muerte.

Si quieres saber más, puedes seguir hoy todas las actividades de la Biblioteca Nacional entrando en su página web.

Emma B., Paula G. y Daniela R., 4.º de ESO

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