Concurso de microrrelatos 2026

Lo que ocurrió aquella noche cambió mi vida para siempre…

Con estas sugerentes palabras arrancan las historias de nuestro alumnado de Secundaria y Bachillerato, quienes este año se han sumergido en la magia de La noche estrellada de Van Gogh para dar vida a sus relatos.

Tras una difícil deliberación en esta VIII edición del Concurso de Microrrelatos del Colegio La Magdalena, nos emociona anunciar a los autores premiados: Pablo, Meritxell, Daniel, Unax y Nicolás.

Queremos hacer una mención especial a nuestros ganadores absolutos:

  • Meritxell (1.er Ciclo de ESO)
  • Daniel (2.º Ciclo de ESO)
  • Nuria (Bachillerato)

¡Enhorabuena a todos por vuestro talento y por hacernos viajar a través de las letras!

PARANOIA

Lo que ocurrió aquella noche cambió mi vida para siempre.

Era una noche como otra cualquiera, estaba sentada en el balcón de mi casa, sirviéndome una copa de vino a la luz de la luna, cuando escuché un ruido fuerte proveniente de la cocina.

No me asusté, sino todo lo contrario, lo tomé con mucha calma. Solía tener este tipo de paranoias frecuentemente. A veces incluso veía sombras que se movían y me hablaban. 

Después de tantas sesiones de terapia, dejó de importarme. 

Caminé y di varias vueltas por toda la casa para ver si había algo fuera de lugar. No encontré nada.

Al final, me rendí y volví a mi habitación, me acosté en la cama y acabé dormida rápidamente. 

En medio de la madrugada, unas frías manos me inmovilizaron y taparon mi boca. Apenas pude ver quién era. 

O, mejor dicho, qué era esta vez.

Meritxell Tárrega, 2.º de ESO

EL PREMIO ESTRELLADO

Lo que ocurrió aquella noche cambió mi vida para siempre. 

Me dolían las piernas. Me dolían los brazos. Me dolían hasta las puntas de los dedos de los pies, pero había que seguir. Un paso tras otro. Un, dos… un, dos. Tenía que conseguirlo. 

No se veía nada. No veía ni mis pies ni el sendero. Pero sabía que todavía quedaba mucho. Un dos… un, dos. Estaba tan cansado que no sabía dónde estaba. Ya solo me quedaban diez metros. Un, dos… un, dos. 

Tras diez horas de sufrimiento y los diez metros más eternos de mi vida, llegué a la cima. De repente, se me olvidó todo, como si no hubiera hecho nada. Ahí estaba, delante de un cielo negro como el carbón y recubierto de circulitos brillantes. Encima de la montaña más alta de Europa. Había valido la pena.

Danny Hernández, 3.º de ESO

UN REFLEJO

Lo que ocurrió aquella noche cambió mi vida para siempre.

Era verano y el brillo de la luna me invitó a dar un paseo por un camino que no conocía. Iba reflexionando sobre mis penurias y tristezas cuando me encontré en la cumbre de una colina. A sus pies, había una pequeña aldea. Todas las luces se encontraban apagadas excepto una, la de la iglesia. De pronto, la brisa se tornó densa y las campanas empezaron a sonar en un tono grave, desafinado, infernal. Decidí entrar.  No sentía miedo, no sentía nada.

Dentro de un ataúd me vi a mí mismo: pálido, frío, muerto. Me vi reflejado en un espejo.

Nuria Orta, 1.º de Bachillerato

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