Ganadores del concurso de microrrelatos

VI Concurso de microrrelatos del Colegio La Magdalena

Este año, el certamen ha consistido en crear una historia inédita combinando estas cinco palabras:

laberinto , destino, silencio , máscara y anhelo.

Aquí tenéis los originales microrrelatos que han resultado ganadores:

Compañía letal

Desperté en una nave. Junto a mí, una tripulación de tres hombres con traje naranja y máscara de gas. Resulta que yo también vestía así. Sin saberlo, fui contratado en el peor trabajo de todos.

Dirigimos la nave a una luna desconocida. Tenía muy mala pinta y  unas condiciones horribles ¿Realmente era este nuestro destino? En aquella luna entramos a algún tipo de complejo oscuro. Su estructura parecía la de un laberinto, con habitaciones prácticamente indiferentes, conectadas entre sí. Había tuberías que cubrían gran parte de las paredes, muchas oxidadas y rotas, expulsando su humedad. Pero solo teníamos una misión: sacar todo metal posible.

Nos pusimos manos a la obra, arrancando las tuberías. De repente, una expulsó un gas muy opaco. Me encontraba apartado del grupo.

Gritos y silencio…

Todo esto parecía haber sucedido a la velocidad de la luz. Se desvaneció el gas. Allí, de pie, se encontraba una estatua sangrienta. Mi único anhelo: sobrevivir.

Yago Monleón, 4.º de ESO

¿Por qué?

Me despierto un día más en este laberinto de emociones confusas que parece no tener destino. Recuerdo lo mucho que te extrañaba los primeros días, cuando solo deseaba volver al pasado y verte una última vez. Anhelo que estuvieras aquí, conmigo, llenando esos silencios que tanto odio con ese amor tan puro y verdadero que me demostrabas cada día. Llevar una máscara sonriente para ocultar mis sentimientos es muy cansino. A pesar de todo el tiempo que ha pasado desde entonces, me sigo preguntando por qué tuviste que irte tan pronto, abuela.

Sandra Domingo, 1.º de Bachillerato.



Dramática fiesta

Todo era silencio. Tras aquella escena nadie quería seguir la fiesta. La novia, atemorizada, no sabía qué hacer, no sabía por qué tuvo que haber sido su marido el elegido. Era tan grande el anhelo de que nada de eso hubiera ocurrido, de que aquel destino hubiera sido otro, de que todo fuese como una máscara y no la realidad. Era como si la gente tuviera un laberinto de pensamientos ante el no saber qué hacer. Pero de pronto, apareció él, el camarero, quien con un quitamanchas pudo remediar tan trágica barbaridad.

Tico Segarra, 2.º de Bachillerato.



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