Reducir nuestra huella. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos?

Calcular nuestra huella de carbono e intentar compensarla y reducirla lo máximo posible. Si bien nos encontramos ante un asunto claramente mesurable y medible mediante diferentes técnicas, coeficientes y parámetros científicos y estadísticos de diversa índole, a esta entrada del blog he pretendido darle un aspecto filosófico, quizás espiritual o más bien de introspección personal por parte del lector.


La pregunta que le lanzo al lector, con todos mis respetos y sin ánimo de ofender su honor es: ¿Hasta qué punto estás dispuesto a renunciar a tus hábitos, y darlo todo por el Planeta? Probablemente todos nosotros le deseemos el mejor de los futuros a nuestro querido Planeta Tierra… pero cuántos de nosotros estamos realmente dispuestos a realizar sin demora las acciones que van a reducir nuestra huella de carbono? (y digo sin demora, porque existe una urgencia real y demostrada de que nuestro planeta madre lo está pasando realmente mal).

La mayoría de nosotros conducimos vehículos que funcionan con gasolina ó diesel. Vale, comprarse un coche eléctrico es harto-caro, pero ¿te lo has planteado realmente? ¿Has sopesado un plan de ahorro para hacerte con un coche eléctrico a medio plazo? ¿Te has informado seriamente de los precios? Tal vez seas de ese grueso de la población que piensa… “Bueno, ya me compraré un coche eléctrico cuando sean más baratos”, o de los que dice… “Pero si en mi plaza de garaje no tengo enchufe…”.

En cuanto al reciclaje doméstico, hoy en día ya es hasta difícil encontrarse con alguien que no separe sus residuos caseros. Puede que el que no los separe, tenga hasta vergüenza de no reciclar, y por miedo al ‘qué dirán’ exclame sin ningún pudor: ‘Pues claro que reciclo!! Por quién me tomas??’, cuando en realidad su pensamiento es ‘¿¿Cómo voy a reciclar si tengo los contenedores de papel y envases super-lejos??’. Habría que ver cuántos metros es ese ‘super-lejos’. Probablemente lo tenga en la calle de al lado, y se trate de esa clase de personas que creen que los contenedores de reciclado deberían estar delante de todos los números de la calle, y en ambos lados. ¡¡Como si sobrasen plazas de aparcamiento en la calle!!

Por otra parte, no sé si he sido la única persona estas Navidades, que ha llegado a creer que Papa Noel trabaja en Amazon. Impresionante la cantidad de cajas de Amazon que ha podido recibir en su casa una familia cualquiera, de una calle cualquiera, de una ciudad cualquiera, de un país cualquiera, de este famélico y exhausto mundo (en contraposición con la incipiente obesidad y afán de opulencia de esos consumidores). Por supuesto, detrás de esas compras online, se encuentra la compleja red de distribución, cuyas penúltimas huellas son las que deja el vehículo del mensajero que nos trae el paquete, con sus acelerones y frenazos en la ciudad, porque evidentemente quiere hacer bien su trabajo y cobrar a fin de mes. Las últimas huellas son las nuestras, abriendo esa gran caja de carton con la sonrisa del logo de Amazon estampada, para encontrarnos un bastante más menudo objeto en su interior, que a la postre seguro que será también de algún modo, contaminante. ¿Se ha planteado el lector optimizar de algún modo las compras online, para reducir envíos y por tanto contaminación? ¿Ha realizado el lector alguna queja a los gigantes de la distribución para decirles que nos importa la huella de carbono y que deseamos por su parte las prácticas más sostenibles posibles? Tenemos infinidad de canales para poder hacerlo, empezando por las reiterativas encuestas de opinión después de cada compra.

Si analizamos todas las acciones que realizamos durante nuestro día a día cotidiano, nos daremos cuenta de que casi siempre hay una alternativa más saludable para el planeta (que curiosamente suele ser también saludable para la persona que la practica, mentalmente y fisicamente). Citaré varias, algunas de ellas de perogrullo:

  • Subir o bajar por las escaleras en lugar de coger tanto el ascensor.
  • Utilizar más la bicicleta o caminar/correr en lugar de coger el coche.
  • Disminuir el consumo de carne, y aumentar el consumo de vegetales.
  • Llevar tu propia taza, para evitar usar vasos de plástico en máquinas de café.
  • Llevar también tus propias bolsas al hacer la compra. Déjate varias en el maletero del coche.
  • Uso responsable al abrir el grifo del agua en casa, al cepillarse los dientes, afeitarse, ducharse, etc.
  • Beber agua del grifo (la más saludable que hay) y dejar de comprar agua embotellada.


Volviendo al inicio del post, invito al lector a plantearse la pregunta: ¿Estás realmente preparado para salvar el planeta? Tal vez, la respuesta sea: ‘Sí, mañana empiezo’. Habremos tenido éxito si de verdad llega el día de mañana, y cambiamos alguno de nuestros malos hábitos, aunque sea el más insignificante de ellos.

Y ya para terminar, lanzo otra reflexión:


Cuando estamos limpiando algo (una habitación, un objeto, o a nosotros mismos), ¿estamos realmente limpiando, o sencillamente estamos cambiando la ‘suciedad’ de sitio?

Haciendo una analogía con el machacadísimo principio de conservación de la energía que dice que ésta ni se crea ni se destruye, cada vez que saquemos la basura de casa o tiremos de la cadena del WC, pensemos que los residuos no desaparecen por arte de magia, sino que sencillamente van a terminar a otro sitio. Y ese sitio, es nuestro planeta, nuestra casa.

Autor: Sebastián Espuny