Artículos de opinión

Historias de La Mancha

Capítulo II Un viaje con duelos y quebrantos Aunque ya había ido con mi familia a Almagro, no imaginé cuán diferente iba a ser la experiencia. El viaje de ida se hizo bastante largo, pero fue amenizado por las visitas a El Toboso, Campo de Criptana y Argamasilla de Alba. Cuando he leído algún fragmento de El Quijote, no creía que El Toboso pudiera existir más que en la mente de Cervantes; así es que, fue toda una sorpresa llegar a un lugar real y visitar la casa de la dama en la que se inspiró el escritor para el personaje de Dulcinea. En Campo de Criptana pude ver los antiguos molinos de viento en los que Don Quijote solo veía “desaforados gigantes” y que llegaron a España en el siglo XVI gracias a los relatos de los Cruzados, venidos de Tierra Santa, mucho tiempo atrás. Al parecer, estos caballeros se habían encontrado en su viaje a Jerusalén con un tipo de construcciones de gran tamaño que aprovechaban el viento para hacer funcionar una maquinaria que podía moler inmensas cantidades de grano en muy poco tiempo. De ese modo, se mandaron levantar en cerros de La Mancha centenares de molinos. En la comida pudimos degustar

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Historias de La Mancha

Capítulo I De lo que allí aconteció según crónica de bachilleres de 1ºB Jueves, 28 de febrero Me hallo embriagado de una sensación conmovedora, inquietante. Estaba yo con el deseado momento de levantarme, vestirme y partir hacia el Auditorio de mi querida ciudad de Castellón, de cuyo nombre por ahora sí quiero acordarme, pero, ahora bien, el futuro es inexistente. A las 7.15, aún medio entumecido y con un frío aparentemente rompedor, me subo delirante al autobús que nos permitirá viajar hasta el destino que muy pronto descubriremos juntos. Conmovido por el afán de disfrutar, tanto mis preciados compañeros y yo, me derrito como un niño al son de sus caramelos para cantar por bulerías y, así, enloquecer a toda esa familia, si bien colegial más que otra cosa, con la que hoy partíamos rumbo a un lugar verdaderamente desconocido, pero a su vez, inquietante. Pese a mi profundo anhelo de descansar, la fiesta no podía parar, por lo que transcurridas las primeras horas de viaje con una parada incluida, que decido ahora mismo no narrar por la complejidad del asunto, me levanto caminito de primera fila ¡por y para el Quijote! Me tocaba deleitar con mi voz a todos mis compañeros, ansiosos por escuchar los primeros capítulos del

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