Artículos de opinión

Historias de La Mancha

Capítulo III De nuestro viaje a Almagro Un jueves 28 de febrero, el alumnado de 1º y 2º de Bachillerato nos embarcamos en una nueva aventura en la que, no solo la diversión destacó, sino que vino acompañada también por el aprendizaje, objetivo claro de este viaje. Por supuesto, acompañados/as de Inma y Maite (nuestras profesoras), iniciamos el trayecto en el autobús con la lectura de algunos fragmentos del libro del Quijote por parte de algunos/as de nosotros/as, ya que el lugar hacia el que nos dirigíamos y pretendíamos conocer junto con otros visitados a su paso, enmarcan la historia quijotesca además de la literatura española. Nuestra primera parada fue El Toboso, municipio toledano, conocido como la patria chica de Dulcinea, amor ilustre de nuestro hidalgo caballero Don Quijote de la Mancha. En primer lugar, visitamos la casa de Ana Zarco de Morales, convertida en Dulcinea literaria por Cervantes, la cual presentaba las características propias de una casa manchega de la época: patios, molino, bodega,… en la cual pudimos establecer los paralelismos y las diferencias entre la forma de vida que tenían con la nuestra actual. Seguidamente, continuamos nuestra visita por el pueblo dirigiéndonos hacia el museo Cervantino, en el

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Capítulo II Un viaje con duelos y quebrantos Aunque ya había ido con mi familia a Almagro, no imaginé cuán diferente iba a ser la experiencia. El viaje de ida se hizo bastante largo, pero fue amenizado por las visitas a El Toboso, Campo de Criptana y Argamasilla de Alba. Cuando he leído algún fragmento de El Quijote, no creía que El Toboso pudiera existir más que en la mente de Cervantes; así es que, fue toda una sorpresa llegar a un lugar real y visitar la casa de la dama en la que se inspiró el escritor para el personaje de Dulcinea. En Campo de Criptana pude ver los antiguos molinos de viento en los que Don Quijote solo veía “desaforados gigantes” y que llegaron a España en el siglo XVI gracias a los relatos de los Cruzados, venidos de Tierra Santa, mucho tiempo atrás. Al parecer, estos caballeros se habían encontrado en su viaje a Jerusalén con un tipo de construcciones de gran tamaño que aprovechaban el viento para hacer funcionar una maquinaria que podía moler inmensas cantidades de grano en muy poco tiempo. De ese modo, se mandaron levantar en cerros de La Mancha centenares de molinos. En la comida pudimos degustar

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Capítulo I De lo que allí aconteció según crónica de bachilleres de 1ºB Jueves, 28 de febrero Me hallo embriagado de una sensación conmovedora, inquietante. Estaba yo con el deseado momento de levantarme, vestirme y partir hacia el Auditorio de mi querida ciudad de Castellón, de cuyo nombre por ahora sí quiero acordarme, pero, ahora bien, el futuro es inexistente. A las 7.15, aún medio entumecido y con un frío aparentemente rompedor, me subo delirante al autobús que nos permitirá viajar hasta el destino que muy pronto descubriremos juntos. Conmovido por el afán de disfrutar, tanto mis preciados compañeros y yo, me derrito como un niño al son de sus caramelos para cantar por bulerías y, así, enloquecer a toda esa familia, si bien colegial más que otra cosa, con la que hoy partíamos rumbo a un lugar verdaderamente desconocido, pero a su vez, inquietante. Pese a mi profundo anhelo de descansar, la fiesta no podía parar, por lo que transcurridas las primeras horas de viaje con una parada incluida, que decido ahora mismo no narrar por la complejidad del asunto, me levanto caminito de primera fila ¡por y para el Quijote! Me tocaba deleitar con mi voz a todos mis compañeros, ansiosos por escuchar los primeros capítulos del

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