8 marzo, Día Internacional de la Mujer

Hoy, 8 de marzo se celebra el Día internacional de la Mujer, conmemorando la lucha de la mujer por su participación en la sociedad, en su desarrollo íntegro como persona, en igualdad con el hombre.

Todavía, hoy en día, muchas niñas no tienen acceso a educación y son forzadas a casarse muy jóvenes. Por una educación en igualdad de derechos.

Dedicamos este 8 de marzo a Eglantine Jebb, una mujer que ha significado mucho para los niños y niñas del mundo, y os invitamos a leer dos historias que han escrito dos alumnas de bachillerato.

Eglantyne Jebb, fundadora de Save The Children, nació en Gran Bretaña el 25 de agosto de 1876. Desafiando los prejuicios que tenía la sociedad entonces, estudió magisterio. 

En 1899 comenzó a trabajar como profesora, pero ella sentía que estaba fracasando. Su vida dio un vuelco cuando viajó a los Balcanes. Aquel viaje era para repartir lo  que habían recaudado entre los más necesitados. Pero lo que más marcó a Eglantyne fue el estado en el que vivían los más pequeños.

De vuelta a inglaterra comenzó una campaña para luchar contra aquella injusticia, aunque no tuvo mucho éxito. Pero ella no se rindió. 

Gracias a la ayuda de su hermana, Dorothy Jebb, fundó “Save The Children Fund” en 1919. El objetivo de esta ONG, que actualmente es de las más relevantes del mundo, era proporcionar una ayuda real a todos los niños de Europa sin importar su nacionalidad.

Ese mismo año las dos hermanas organizaron una reunión en el “Albert Hall” para dar a conocer su proyecto. Miembros de la asociación declararon que los asistentes llegaron con manzanas podridas que querían lanzar a Eglantyne. Pero ella logró dar su discurso. Al finalizar este, todos los asistentes quedaron convencidos de la nobleza de esa causa.

Pero no todo fue fácil. Poco después de aquella reunión, Eglantyne fue detenida por repartir fotos de “los niños del enemigo”. Lo curioso de esta historia es que el fiscal que la interrogó acabó colaborando con ella.

A finales de año, Eglantyne se reunió con el Papa Benedicto XV en Roma. Durante dicha audiencia el Papa apoyó claramente a Save the Children, hasta el punto de declarar el Día de los Santos Inocentes (28 de diciembre) como día de recaudación de fondos a través de la Iglesia.

Tras la gran guerra, Save the Children siguió ayudando allí donde más hacía falta. En 1921 apoyó a la infancia en la devastadora hambruna de Rusia en la que entre 15 y 20 millones de personas se enfrentaban a la inanición. En 1923 proporcionó ayuda por primera vez fuera de Europa y de Oriente Próximo y otorgó subvenciones a Egipto y Chile, así como a Japón tras unos terremotos que dejaron más de 200.000 muertos.

Eglantyne era una persona desinteresada e incansable en su trabajo por el bien de los demás, aunque su salud no siempre le acompañara. Era pacifista, demócrata, igualitaria, algo intelectual y tenía, además, una vena poética. Murió el 20 de diciembre de 1928.

Actualmente Save The Children ayuda en 130 países. Es una de las agencias de ayuda más importantes del mundo y también una de las más innovadoras. Sus actividades van desde el apadrinamiento de niños, escuelas de formación profesional para niños, grupos de juego, comida en colegios, hasta programas de eliminación de minas terrestres.
Sin duda el trabajo de Eglantyne ha salvado la vida de millones de niños. Como ella decía: “El único idioma internacional es el llanto de un niño”. 

Autora: Mar Adsuara

Si tu pareja te controla es porque te quiere mucho

“Maravillosa” la reciente actualización de Instagram que permite mantener varias sesiones abiertas al mismo tiempo en un dispositivo móvil sin necesidad de iniciar sesión para acceder a ellas de nuevo cada vez. O al menos así la calificaban algunos de mis amigos y amigas al ver que dicha herramienta les permitía tener la cuenta de sus parejas en sus teléfonos a la vez que la suya propia. Pues bien, gracias a ella, una serie de notificaciones les mantienen al día sobre con quién chatean o con quién comparten fotos sus parejas.

Y de la misma manera llega Whatsapp con su querido doble tick azul y su “última conexión a las 13:58” y por no comentar el tradicional :¿por qué estás en línea y no me contestas? Son muchos los indicios y pistas que pueden hacerte un “spoiler” sobre lo que viene a continuación: una relación tóxica y una pareja controladora y desconfiada. Y que no te extrañe si acto seguido llega el “no te pongas esa blusa que vas provocando” o “esos pantalones hacen que los chicos sólo puedan fijarse en tu culo”, porque esto llega, y mucho antes de lo que te esperas si lo permites. ¿Lo mejor de todo este asunto? Lo normalizado que está entre los jóvenes de hoy en día. Parece ser que este control tan extremo es algo habitual y, no sólo eso, sino que además es señal de amor. Que no te sorprenda si algún día ves a algún joven con un cartel colgando en el que ponga: “Propiedad de Julia” o “Pertenece a Martín”, porque la situación es así de radical: nos hemos convertido en objetos con dueño, somos el equivalente al suéter del uniforme que nuestros padres marcan con permanente para que en caso de que lo perdamos, vuelva a nosotros.

Hay una línea muy delgada entre preocupación y obsesión y parece ser que no logramos captar bien la diferencia entre ambas. Veámoslo en un ejemplo: preocupación equivale a; “Mándame un mensaje cuando estés en casa para saber que has llegado bien” y obsesión sonaría algo así; “Acabo de ver una historia tuya en Instagram, ¿qué haces que no estás en casa a estas horas?” Parece clara la diferencia, ¿no? Pues hoy en día es más que habitual oír la segunda entre las parejas de mi edad. Y por no hablar de los celos, aquellos que al principio parecen un síntoma de amor y de chispa en la pareja pero que luego resultan ser el detonante de más de una ruptura (y por desgracia, éste viene a ser el mejor de los escenarios posibles…).

Por si aún no te había quedado del todo claro; no, que tu pareja te controle de esta manera no es amor. Amor es la confianza, el respeto y no solo mutuo sino también a lo que te pertenece: tu libertad. “La libertad es una condena”, Jean-Paul Sartre lo dice alto y claro. Y te aseguro que de esta condena no hay fianza que te salve, y por fianza me refiero a persona. Así que disfrútala y protégela porque no se me ocurre condena más bella.

Autora: María Soler

Gran artista, ser despreciable

Chris Brown le dio una paliza a Rihanna, R.Kelly es un presunto depredador sexual, Justin Bieber, al que conocimos como un adorable preadolescente, ahora es un adulto ansioso de dar puñetazos, como pasó hace un tiempo con Orlando Bloom. Todos ellos son considerados grandes artistas del momento, pero ¿es la calidad musical lo único que importa para apoyar a un cantante? ¿o la facilidad para dibujar que tiene un pintor para pagar por ver su exposición?

Charles McGrath, editor del “New York Times”, tiene un texto titulado “Good Art, Bad People”: “Las malas personas o al menos, las que se comportan y piensan de una forma que consideramos abominable, hacen buen arte todo el tiempo.”

Si miramos el recorrido del arte durante toda la historia, poca gente se salva de haber expresado la misoginia, el abuso sexual o el maltrato a las mujeres. Un perfecto ejemplo es el famoso Picasso, pintor que tuvo relaciones con decenas de mujeres, y unas acabaron locas, otras se suicidaron, pues les quemaba con cigarrillos y les golpeaba hasta dejarlas inconscientes y muchas otras barbaridades.

Podemos decir que no es justo, pero somos nosotros, los oyentes, los que pagamos por entrar a museos, los que damos “like” a una foto en el Instagram de estos artistas, los que nos descargamos una canción, los que compramos una entrada para ir a un concierto, somos nosotros los que damos pie a esta situación.

¿Podemos parar esto? Podríamos, pero siendo realista no lo haremos, estamos demasiados ensimismados pensando en que nos gusta sin pensar las consecuencias. Lo seguiremos haciendo, pero seamos conscientes de que lo hacemos, que no se nos olvide que algunos de los mejores cuadros, temas musicales o cualquier otra expresión del arte están hechos por algunas de las peores personas.

Autora: Pilar Izquierdo

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