Las manecillas del reloj marcaron las siete de la mañana y mi alma se transportó al pasado. Creí estar allí, junto a mis amigos y toda la multitud en las fiestas de la Magdalena. Hace más de cincuenta años que marché de aquella ciudad a orillas del mediterráneo, pero mi mente retiene todos los recuerdos con fuerza, negándose a olvidar.
Vi como el sol emergía por el este y dañaba con sus cálidos rayos la ciudad de Castellón, donde comenzaba a escucharse un rumor de fiesta. Mis manos recibieron a la caña con un efusivo saludo, deslizándose por su superficie y acariciando lentamente todos sus betos. Como ornamento, até un lazo verde a uno de sus extremos. Todo estaba listo para recibir a mi amada un año más.
Me incorporé a la procesión para realizar junto a todos ellos el camino. La emoción se reflejaba en nuestras caras y, conforme la meta se iba acercando, un hormigueo se apoderó de mi estómago. En el horizonte de montañas se dibujaron los ladrillos blancos de la ermita, que reflejaban la luz con más fuerza que nunca. Mi cabeza fue atacada por millones de sentimientos y sensaciones a lo largo que la travesía, pero lo único que debía hacer era sujetarme bien fuerte a mi compañera de madera y dejar que me giase hasta la cima de su colina.
Quedaba poco para que fueran las doce. El suelo se volvió pedreoso, anunciándose que el tan estimado final estaba cerca. No podía contener más mi euforia. Unos instantes más tarde me vi envuelto en un sendero de árbolres y personas que me llevaban hacia la ermita, que esperaba allá en lo alto, serena.
Mi corazón se aceleró, al igual que mis piernas, mientras recorría los últimos metros del camino. Unos escalones más y me encontré junto a mi amada Ermita de la Magdalena. Una sensación de paz se alojó en mi corazón, y había llegado.
- Abuelo, abuelo, ¿en qué piensas? - una dulce voz me hizo volver a la realidad y, con un pequeño esfuerzo, dejé de mirar la foto que sostenían mis manos. Ya era demasiado viejo para regresar, pero ellos debían volver en mi lugar para que viesen con sus propios ojos la belleza de aquellas tierras.
- ¿Lidón, sabes qué día es hoy?
- Domingo, ¿por qué lo dices, abuelo?
- Mira, ven, acércate a ver la foto...
Claudia Arnedo Pac, 2º de ESO
3º Premio del Concurso de Redacción Magdalena 2008
Categoría C (1º y 2º de ESO)